Prince of Persia, el clásico que no pasa de moda

“Corre, salta, muere, repite. Corre, salta, muere, repite… Parece que le cojo el tranquillo”. El mismo Príncipe nos revela, en una de sus muchas frases, la esencia del juego. Y es que este Prince of Persia no es otra cosa que un plataformas de puro ensayo-error que, pese a que tiene bastantes detalles que podrían mejorarse, es una maravilla que hay que disfrutar. Y aquí estamos nosotros, tarde como siempre, para hablaros un poquito del juego que todo amante del plataformeo y de los brincos debería probar.

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Como el juego no es precisamente reciente intentaré no extenderme demasiado, pero merece la pena hablar sobre este título del que he leído demasiadas cosas, tanto buenas como malas.

¿A qué viene eshhto?

El nuevo Prince of Persia (PoP) nos plantea una historia que no tiene demasiado misterio y que podría haber desembocado en una relación genial entre los personajes protagonistas. El Príncipe se topa durante su viaje con Elika, una princesa que ha obtenido poderes mágicos gracias a Ormazd, el Dios de la Luz, para defender y recuperar su reino de manos de Arihman, el Dios de todo-lo-contrario (la Oscuridad), que ha extendido la Corrupción por todas partes. Para ello, la princesa debe sanar todos los terrenos fértiles del reino y así volver a encerrar a Arihman, que perderá así todo su poder y volverá a la cautividad en la que estaba sumido antes de que todo se desencadenara. ¿Y el Príncipe qué pinta aquí? Pues simplemente el hecho de toparse con la princesa Elika le hace meterse en todo este lío casi sin quererlo. ¿Casualidad o destino? Saberlo queda en tus manos, beibe.

Y digo ésto porque PoP te da a elegir entre saber más sobre la historia o, simplemente, obviarla. Mientras avanzas en el juego tendrás la opción de hablar con Elika, tu inseparable compañera, para resolver los puzzles -si se pueden llamar así- que se plantean en el camino o para, simplemente, saber más sobre el reino, sobre ella, sobre Ormazd y sobre todo lo que está ocurriendo. Pero eso es tu elección. Si lo único que quieres es avanzar y terminar el juego, pasando completamente de hablar con ella, puedes hacerlo. Y la verdad es que, desde mi punto de vista, merece la pena entablar conversación con ella de vez en cuando. Además de ganar algún logro extra, te enterarás de qué va toda la historia y cómo se ha llegado hasta ese punto, algo que creo que es más interesante de lo que puede parecer al principio. Y conocer a Elika más a fondo no tiene precio, ya que ella es lo mejor de este juego.

Juntos pero no unidos

Elika tiene un protagonismo indiscutible. Primero, porque la historia gira a su alrededor, y segundo, porque su ayuda en tu avance es lo más importante del planteamiento. Elika y el Príncipe son un equipo indivisible, y su relación, por desgracia, no llega a madurarse como debería, lo que hace que el juego pierda puntos. Sin embargo, su compañía desembocará en uno de los puntos más criticados de este nuevo PoP, que en cierta manera puede no ser tan malo como se ha comentado: nunca podrás morir.

¿Cómo afecta esto al juego? El problema que supone no fallecer nunca lo convierte, automáticamente, en un título enfocado a un público casual. Cuando avanzamos por las diferentes zonas y, de repente, una de nuestras combinaciones de movimientos o saltos no se efectúa correctamente, aparecerá la mano salvadora de Elika para rescatarnos de una muerte segura. Así ocurrirá también en las batallas, donde aparece el mayor problema de este sistema. ¿No poder morir ante un jefe final? Entonces, ¿para qué luchar contra ellos? Parece absurdo, pero el sistema resuelve bastante bien esta situación, haciendo que cuando (en teoría) tenemos que morir, Elika aparezca y utilice su magia para salvarnos, provocando que el enemigo recupere su barra de vida considerablemente. Vale, los jugadores más hardcore pensarán que esto es una chuminada y que el juego se facilita muchísimo, pero ¿acaso no es parecido cuando nos matan en otros títulos y aparecemos en el último checkpoint, justo antes de la pelea? Creo que el sistema de no muerte de Prince of Persia se adapta muy bien a su sistema de juego, que como hemos dicho es de “ensayo-error” y requiere que repitamos las cosas más de una vez. Y de dos. Así, sin morir, el juego gana más en dinamismo y no hace que caigamos en un profundo aburrimiento cuando fallemos y tengamos que repetirlo todo desde el principio. Porque os aseguro que tendréis que intentar algunas pruebas unas cuantas veces…

Y es que esa es una de las virtudes de la nueva aventura del Príncipe. Nos plantea un plataformas como los de antes pero adaptado a la nueva generación, revisado, que recuerda a los clásicos pero que no lo parece en absoluto. Y además, podría hacerse muy repetitivo por lo que invita a hacer: recorrer pantallas corriendo, saltando, sin nada más que hacer que sanar tierras y, una vez hecho esto, recoger esferas de luz para aumentar el poder de Elika. Los movimientos son limitados y no avanzan en todo el juego, pero no hace falta en absoluto. Lo único que conseguiremos con el aumento de poder es desbloquear nuevos saltos, que añadirán espectacularidad y que harán que estemos más pendientes de no cagarla pulsando los botones y siguiendo la combinación para llegar a nuestro destino. Cosa que también se facilita con “marcas”: en las paredes, el desgaste de éstas nos indica que puedes correr por ellas; en un salto, si la pantalla se desatura levemente y pierde color, nos indicará que necesitaremos de la ayuda de Elika para hacer un salto doble y llegar al borde o al muro… Todo está pensado para que no pierdas el ritmo en tu camino, llegando al punto de picarte y querer seguir adelante.

Vale, ¿pero se ve bonito?

El diseño de pantallas está muy bien adaptado al sistema de juego, ya que podrás recorrerlos en ambos sentidos, y aunque la recolección de esferas de luz antes mencionada haga que se reciclen los mapas, no te importa lo más mínimo por su cambio de aspecto tras la sanación y por lo divertido que es pasearte por ellos.

Por último, y para no enrollarme más de lo debido, los gráficos. Quizás es lo más atractivo de este PoP, y sin duda han conseguido hacer que entre por los ojitos y que casi te olvides de todo lo demás. Disfrutar del paisaje mientras recorres las diferentes zonas es impagable, pocas veces he visto un mapeado más espectacular visualmente. Me ha recordado en ciertos momentos a lo visto en Assassin’s Creed (comparten motor y todo), pero creo que el cel-shading da un toque especial a Prince of Persia que se agradece mucho, haciendo que un juego que no busca el fotorrealismo (como hacen muchísimos títulos en esta nueva generación) presente un apartádo gráfico de quitarse el sombrero.

En definitiva, los que amen el género de plataformas y, últimamente, lo echen de menos, deberían al menos probar este título. Porque a pesar de sus carencias y de aspectos que pueden mejorarse (y seguramente mejorarán en futuras entregas), es una pequeña joya que, personalmente, no esperaba y está por descubrir. Si alguno de vosotros lo prueba espero que me cuente qué le pareció.

Aprovecho este anál-isis para comenzar un nuevo criterio de puntuación basado en nuestra visión personal ante los juegos. Porque en esta web, aunque comenzamos poniendo algunas notas, pensamos que es difícil reflejar con un simple número las sensaciones y los puntos de vista ante lo que más nos gusta. Y porque soy de letras, qué cojones. Así, diré que mi experiencia Prince of Persia ha sido una experiencia ¡QUÉ COÑO!, que es una expresión que refleja más que mi satisfacción.

La versión analizada es la de Xbox360.

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